Por Mónica Persoglia.

Estamos viviendo días de noticias que sobresaltan, sorprenden, preocupan y hasta podrían dar pie a libretos creativos para películas de historias verdaderas y obvias. Se percibe en la atmósfera un aire de revancha en que se le exige a un miembro del gobierno nacional, precisamente al vocero presidencial, que dé respuestas.
Él, prácticamente es el representante y cara del presidente, remarcando las expresiones que apuntan a hacer entender, que el Gobierno será distinguido por la honestidad.
Justo dicho en un país donde la moral se ha vestido de gris, donde se oyó «no importa que roben si nos beneficia a nosotros», o justificando allá en antaño a Isidro Velazquez «Sí, secuestraba y robaba, pero ayudaba a los pobres» o «robaba, pero estábamos bien».
Este es el común denominador, pensamiento generalizado; entonces lo cuestionan los de la oposición al jefe de Gabinete apuntando al viaje de su esposa y a la compra de algunos bienes.
Mientras tanto está el caso de la AFA, el de los Sindicatos, el de los Cuadernos, Causa Vialidad, hasta millones que han ido a paraísos fiscales como el Principado de Mónaco y otros que van descubriendo como quien encuentran «el agujero del mate».
No hay hombre que nunca peque. Acá la muletilla es si antes o después. Los errores los pagaba el pueblo (aunque muchos no se consideran el pueblo, porque este término va dirigido a los que menos tienen).
Sin saber si fue correcto o no lo que hizo el vocero presidencial, pareciera que la intención puntual es tratar de demostrar que los gobiernos anteriores eran más honestos, a los que habría que preguntarles «Señores, ustedes digan su verdad».
«El que esté libre de pecado que tire la primera piedra».

