Donald Trump reincide en las amenazas de una guerra comercial. Los mercados y China le demuestran que no parece ser el camino adecuado.
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Los mercados forzaron la paz transitoria en abril, pero Trump parece reincidir en una guerra comercial.
¿Se reabre la guerra comercial?
Los mercados reaccionaron muy mal. ¿La historia se repite? Sí, como farsa. Es un intento desesperado de iniciar una guerra de guerrillas. Pero Trump ya no está para el combate sostenido. China lo demostró. Si quiere sacar ventajas debe ser en la negociación de paz. Las hostilidades pueden servir para condicionar voluntades remisas, pero tienen un límite: la tolerancia de los mercados. Si ellos se retoban deberá bajar el tono de voz.
La agenda tóxica de Trump no se agota con los aranceles. En el Congreso empuja un paquete de rebaja impositiva que aumenta peligrosamente el déficit y también eriza a los mercados. Después de la zozobra de abril, el horno no está para bollos. No importa lo que vote el Congreso, el mercado de bonos ya anticipó su voto no positivo. El fracaso de la última subasta de títulos del Tesoro a 20 años es un aviso, uno más de muchos (como la decisión de Moody´s de quitarle la última calificación AAA vigente a la deuda soberana). El stock de Treasuries sumaba 16 billones de dólares a fin de 2016. Hoy se aproxima a 30 billones. En campaña, y antes que asumiera Trump, la FED bajó 100 puntos base sus tasas, y las tasas largas treparon 120. Es un mensaje contundente: no hay apetito para financiar un rojo fiscal creciente.
La política mira hacia otro lado e insiste. Con el veto de los mercados, persigue una causa perdida de antemano. La aprobación del paquete impositivo en la Cámara Baja y el berrinche de Trump, esta semana, reabrieron así otro episodio del Sell America. Los bonos se derritieron, la tasa de 30 años perforó el techo de 5% (llegando fugazmente a 5,15%), y la Bolsa tuvo que emprender un prolijo retroceso. La economía puede caer en una recesión si la tormenta arrecia, pero las tasas largas igual se disparan. Y el dólar se hunde, otra vez a las andadas. Se coquetea con el peor de los mundos, sin necesidad. Ya se dijo acá: el secretario del Tesoro Bessent debe ejercer su influencia en materia fiscal y evitar el incendio, ahora que es factible; antes que tener que correr a apagarlo.




