EL TERCER PILAR: POR QUÉ ARGENTINA DEBE DISTINGUIR ENTRE LA NICOTINA Y LA COMBUSTIÓN

 

El tabaquismo continúa causando millones de muertes al año. En Argentina los avances parecen haberse estancado, en parte por una confusión persistente: no es la nicotina la que mata, sino el acto de fumar. Ante ese escenario, es necesario ofrecer una alternativa al fumador.

Doctor Rohan Sequeira. El doctor es profesor y jefe del Departamento de Medicina Geriátrica del grupo de hospitales Sir JJ y del Grant Medical College en Bombay, India.

Doctor Rohan Sequeira. El doctor es profesor y jefe del Departamento de Medicina Geriátrica del grupo de hospitales Sir JJ y del Grant Medical College en Bombay, India.

Fumar sigue siendo uno de los asesinos más implacables del mundo. Con 1.200 millones de adultos fumadores a nivel global y más de 8 millones de muertes anuales, el “problema del tabaco” es una pandemia silenciosa. En Argentina, pese a décadas de esfuerzos, nos encontramos en una meseta: una parte significativa de la población sigue fumando aun conociendo los riesgos.

La principal barrera para avanzar es un malentendido fundamental sobre el verdadero enemigo. En el discurso público, la nicotina ha sido presentada como la gran villana, la supuesta causa del cáncer de pulmón y las enfermedades cardíacas. Sin embargo, el consenso científico cuenta otra historia: la nicotina es la razón por la que la gente sigue fumando, pero es el humo el que los mata.

Existe evidencia contundente en la literatura científica que desplaza el foco de la “demonización” de una molécula (la nicotina) hacia la realidad de la combustión química.

La nicotina es adictiva, no carcinógena

Para modernizar nuestras políticas de salud, debemos ser científicamente precisos. La nicotina es un estimulante que genera dependencia, pero no está clasificada como carcinógena por los principales organismos de salud, como la FDA y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC).

El daño real se encuentra en la combustión. Cuando el tabaco se enciende y alcanza temperaturas de hasta 900°C, se genera un cóctel tóxico de más de 7.000 sustancias químicas, incluyendo monóxido de carbono, arsénico y al menos 70 carcinógenos conocidos.

“La gente fuma por la nicotina, pero muere por el alquitrán”. — Profesor Michael Russell, padre de la reducción de daños en tabaco.

Al meter en la misma categoría “letal” a la nicotina y al humo del cigarrillo, enviamos sin querer un mensaje peligroso a los fumadores: si toda alternativa es igual de mortal, ¿para qué cambiar?

Los pilares tradicionales no son suficientes

Históricamente, el control del tabaco en Argentina se ha apoyado en dos pilares:

  • Prevención: evitar que los jóvenes comiencen a fumar..
  • Cesación: incentivar a los fumadores a dejar por completo todos los productos con nicotina (“a pulmón”, o “de golpe”).

Si bien son vitales, estos pilares dejan atrás a un segmento enorme de la población: los fumadores “que no quieren o no pueden” dejarlo. Para quienes no logran la abstinencia total, un enfoque de “todo o nada” suele terminar en “nada”, condenándolos a seguir fumando cigarrillos.

El tercer pilar: la reducción de daños

La reducción de daños no reemplaza la prevención ni la cesación; llena el espacio entre ambas. Reconoce que, si un fumador no puede dejar la nicotina hoy, debemos ofrecerle una forma de consumirla sin el subproducto mortal del fuego.

La ciencia moderna ofrece tres vías principales para esto:

  • Vapeadores (cigarrillos electrónicos): administran nicotina a través de un líquido aerosolizado, eliminando la combustión del tabaco.
  • Productos de tabaco calentado (HTPs): calientan tabaco real lo suficiente para liberar nicotina, pero sin quemar la hoja.
  • Bolsitas de nicotina: un sistema oral libre de tabaco y sin humo.

La evidencia es clara: aunque no son productos 100% libres de riesgo, representan una reducción sustancial de la exposición a las toxinas que causan cáncer y enfermedad cardiovascular.

Una nueva política para Argentina

Argentina tiene la oportunidad de seguir el ejemplo de países como el Reino Unido, Nueva Zelanda y Japón, que han logrado caídas históricas del tabaquismo integrando la reducción de daños. Debemos dejar de decirles a los fumadores que “todo es igual de malo” y empezar a ofrecerles herramientas para reducir de manera significativa su riesgo.

Es hora de adoptar el tercer pilar: Prevenir, Dejar y —para quienes no lo logran aún— Reducir el Daño.

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