ESTADOS UNIDOS INCAUTÓ UN PETROLERO RUSO Y MOSCÚ DENUNCIÓ «PIRATERÍA» EN ALTA MAR

El operativo se realizó en aguas internacionales tras dos semanas de seguimiento naval y aéreo. Washington sostuvo que el buque integraba una «flota fantasma» dedicada a evadir sanciones vinculadas al petróleo venezolano, mientras Moscú denunció una violación a la Convención del Derecho del Mar y advirtió que el episodio profundiza la escalada entre ambas potencias.

Un operativo naval de Estados Unidos contra un petrolero vinculado a Rusia y Venezuela volvió a tensar el tablero internacional. Tras dos semanas de seguimiento en alta mar, fuerzas norteamericanas interceptaron e incautaron un buque que, según Washington, formaba parte de una «flota fantasma» dedicada a evadir sanciones internacionales. Moscú denunció una violación al derecho marítimo y calificó el accionar como «piratería».

El Comando Europeo de Estados Unidos confirmó que el petrolero fue abordado en el Atlántico Norte «en virtud de una orden emitida por un tribunal federal estadounidense», luego de ser rastreado por el guardacostas USCGC Munro. De acuerdo con fuentes oficiales, la nave había intentado eludir el bloqueo impuesto por la administración de Donald Trump a los buques que operan cerca de aguas venezolanas y transportan crudo sancionado.

El buque, históricamente ligado al traslado de petróleo venezolano, había partido desde Irán rumbo a Venezuela y emprendió el regreso tras maniobras destinadas a evitar la intercepción. Durante ese trayecto, según Washington, cambió de nombre y de bandera: pasó de llamarse Bella 1 a Marinera y dejó el pabellón de Guyana para registrarse bajo bandera rusa.

La tensión escaló aún más cuando el gobierno estadounidense informó el abordaje de un segundo petrolero en el Caribe. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, detalló que «en dos operativos realizados antes del amanecer, la Guardia Costera llevó a cabo abordajes consecutivos y meticulosamente coordinados de dos buques cisterna de la flota fantasma: uno en el Atlántico Norte y otro en aguas internacionales cercanas al Caribe».

Noem sostuvo que ambos buques (el Bella I y el Sophia) «se encontraban atracados en Venezuela o en ruta hacia ese país» y acusó a la tripulación del primero de intentar evadir a las autoridades mediante maniobras deliberadas.

«Cambiaron su bandera y pintaron un nuevo nombre en el casco mientras eran perseguidos, en un intento desesperado y fallido por evadir la justicia», afirmó. También elogió a la tripulación del Munro por haber mantenido el seguimiento «a través de tormentas peligrosas», y advirtió: «Los criminales del mundo están sobre aviso. Pueden huir, pero no pueden esconderse».

Desde Moscú, la respuesta fue inmediata. El gobierno ruso repudió la incautación del buque de bandera rusa y denunció una violación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. En un comunicado difundido por el Ministerio de Transporte, el Kremlin sostuvo que ningún Estado puede usar la fuerza contra buques debidamente registrados que navegan en alta mar.

El ministro Andréi Nikitin afirmó que, tras el abordaje, Rusia perdió contacto con la embarcación, lo que incrementó la preocupación oficial por la seguridad del buque y de su tripulación. En la misma línea, el senador Andrei Klishas calificó el operativo estadounidense como un «acto de piratería absoluta», según consignó la agencia estatal TASS.

También se expresó la empresa BurevestMarin, vinculada al petrolero, que aseguró que se trataba de un buque civil que navegaba sin carga y que su capitán intentó en reiteradas oportunidades comunicar su identidad antes del abordaje. La compañía denunció que la persecución incluyó vigilancia aérea constante y se extendió durante varios días.

Para Washington, en cambio, el estatus del Bella 1 o Marinera es claro. El buque había sido sancionado en 2024 por integrar una red destinada a eludir restricciones internacionales y, pese a su intento de registrarse bajo bandera rusa, la administración Trump lo considera un buque apátrida, lo que refuerza, según fuentes oficiales, la legalidad de la incautación.

La persecución incluyó el despliegue de aviones de patrulla marítima P-8 desde la base británica de Mildenhall, que siguieron al petrolero durante su avance hacia el noreste, incluso cuando pasó frente a la costa del Reino Unido. En diciembre, la tripulación ya había logrado evitar un primer intento de abordaje cerca de Venezuela, episodio que derivó en una protesta diplomática formal de Moscú ante Washington.

El operativo se inscribe en el endurecimiento de la política estadounidense hacia Venezuela, luego de que Donald Trump ordenara el bloqueo total de los buques petroleros que ingresan y salen del país y tras la reciente detención de Nicolás Maduro, enviado a Estados Unidos para ser juzgado por cargos de narcoterrorismo.

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