En Uruguay afirman que hallaron un certificado consular firmado en 1920 que da cuenta del nacimiento de carlos Gardel en Tacuarembó.
Carlos Gardel
El documento, difundido por el diario uruguayo Búsqueda, se gestionó el 8 de octubre de 1920 ante un cónsul uruguayo y dos testigos. Funcionó como una partida de nacimiento provisional, que permitió a Gardel tramitar la ciudadanía argentina en un contexto en el que se encontraba indocumentado.
Desde la CGR sostuvieron que este registro podría cerrar definitivamente la controversia sobre el origen del cantor, al tratarse de un documento oficial que respaldó la versión uruguaya de sus primeros años.
El anuncio generó reparos entre especialistas argentinos, quienes señalaron que el acta representa “un testimonio de un momento puntual” y refleja lo que una persona declaró ante un funcionario bajo determinadas circunstancias y con intereses concretos.
Según esa mirada, no equivale necesariamente a una constatación directa del hecho biográfico que declara, como recogió la prensa uruguaya.
Para estos expertos, la trayectoria de Gardel estuvo atravesada por mudanzas, uso de documentación diversa y necesidades laborales que lo llevaron a adaptar su identidad según el contexto. Por ese motivo, consideran que el acta aporta información relevante, pero no resulta concluyente.
Los especialistas también cuestionaron la autenticidad y procedencia del documento. Indicaron que aún debe someterse a verificaciones técnicas y archivísticas, como análisis de tinta, papel, filigranas, caligrafía, sellos y anotaciones marginales, además de comparaciones con otros registros consulares de la época.
El proceso de validación se inició con un acta notarial elaborada por una escribana uruguaya y continuará con un peritaje oficial a cargo de la Presidencia de la República Oriental del Uruguay, según informaron desde la CGR.
De acuerdo con estas fuentes, el documento podría resultar determinante para que organismos internacionales restituyan formalmente la identidad de Gardel.
Por su parte el historiador Gustavo Colman, especialista en la vida de Gardel, explicó que el hallazgo fue posible “merced a la buena voluntad y al celo profesional de un funcionario” que trasladó el documento desde el Consulado Uruguayo en Buenos Aires.
“Con eso probamos que la vida de Gardel tuvo un comienzo y fue con los datos fidedignos que él sostenía, que era un ciudadano del Río de la Plata, nacido en Tacuarembó, que se registró como ciudadano uruguayo y, a raíz de eso, pudo obtener la ciudadanía argentina. Estamos hablando de un Gardel rioplatense, nunca francés”, subrayó Colman.
En los últimos años, otro documento sostuvo la hipótesis de un nacimiento en Toulouse, Francia, donde Gardel habría sido registrado como Charles Romuald Gardes, apellido de su madre. Esa línea de investigación apareció en el libro El padre del Gardel, de Juan Carlos Esteban, Georges Galopa y Monique Ruffié.
Colman sostuvo que aquella documentación respondió a intereses económicos y afirmó: “Por la plata, todo vale”. Agregó que, tras la muerte de Gardel, no había herederos directos, y que el apoderado Armando Defino no actuó solo.
“Había un Charles Romuald Gardes, existió, convivió con Gardel, pero murió como Carlos Vacca y tuvo que ver con el reparto de la herencia”, concluyó.
Una vez finalizada la pericia oficial, el acta será remitida a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, “para que se certifique internacionalmente y se deje constancia de que Carlos Gardel nació en Uruguay”.
Más allá de la polémica por su nacimiento, Carlos Gardel creó el tango-canción y eligió convertirse en un símbolo del ser argentino y, en especial, del porteño, con clásicos inmortales como Mi Buenos Aires querido.
Su mundo incluyó gauchos, malevos y compadritos que quedaron retratados en tangos como El pardo Augusto; El Cordobés; El Morocho Aldao y El Noy.
En 1931, Osvaldo Sosa Cordero lo resumió con una frase que aún resuena: “La identidad de Gardel y Buenos Aires lloran sus milongas por boca de cientos de cantores. Casi me atrevería a afirmar que cada porteño lleva en sí un Gardel”.



