NUNCA MÁS “DESDE LAS AULAS HAY QUE INCULCAR EL VALOR DE LOS DDHH Y ESO LA UNIVERSIDAD LO ESTÁ HACIENDO”

El abogado Pablo Busemi es uno de los sobrevivientes de la última dictadura cívico militar. Fue detenido en 1976 cuando era estudiante de Derecho de la UNNE. Tras ser liberado y a pesar de la orden de no retomar sus estudios, pudo graduarse y hoy es un testimonio vivo de esa parte oscura de la historia argentina. Comparte su testimonio y su legajo es uno de los que serán rectificados, en el marco del proyecto de restitución que la Universidad impulsa como aporte a la memoria colectiva.

 

 

Comprometida con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y en el 50 aniversario del golpe de estado de 1976, la Universidad Nacional del Nordeste trabaja en la reparación de legajos de estudiantes, docentes y no docentes victimas del terrorismo de Estado. En este proceso surgen historias de vida que particularizan un trauma colectivo de la sociedad argentina, el de las personas desaparecidas, expulsadas o exiliadas durante la vigencia del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

 

Estas historias tienen nombres propios, familiares y amigos que padecieron durante años el drama de haber sufrido la violencia perpetrada desde el Estado. Aquí, UNNE Medios presenta una de esas duras experiencias.

 

 

“Se avanzó muchísimo, porque la lección, la pedagogía del Proceso que se implementó fue la de que cuando nos vamos del gobierno (dice por los militares) cambios políticos y económicos no se van a poder hacer. Si se intenta ir más allá de los límites que nosotros dejamos impuesto a la política, volvemos” , comentó respecto al objetivo que percibió en el gobierno dictatorial.

“Eso fracasó totalmente y además están (los militares) todos presos”, comentó Pablo Busemi, quien fuera detenido en 1976 cuando era estudiante de derecho de la UNNE, y fue luego sobreviviente del Centro Clandestino de Detención del Regimiento de Infantería 9 de Corrientes.

 

Reafirmación del ¡Nunca Más!

 

El paciente trabajo de reconstrucción implica en muchos casos revisar trayectorias de vida, de personas como ese joven secuestrado que logró volver, continuar sus estudios universitarios y recibirse; de quienes debieron interrumpir sus estudios o trabajo a causa de la violencia implantada desde el régimen de facto, esas personas que sufrieron tormentos y debieron continuar sus vidas bajo amenazas de represión por parte de los organismos de seguridad del Estado argentino de ese momento.

 

Surgen de esta forma, durante el proceso de investigacion y recopilacion de informacion, algunas historias de vida que emergen desde la tragedia colectiva y permiten asomarse al contexto de aquellos días, pero fundamentalmente a reflexionar sobre los padecimientos de víctimas y familiares que sufrieron la vulneración de sus derechos humanos durante los años de la dictadura, reafirmando con esto la plena vigencia del ¡Nunca más!

 

Uno de estos casos es el del doctor Pablo Busemi, nacido en la localidad chaqueña de La Leonesa, quien estuvo varios meses desaparecido entre 1976 y 1977 cuando cursaba la carrera de abogacía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la UNNE.

 

Hoy, 50 años después, Busemi asegura que la universidad es otra, “muy distinta debido a la política reparatoria de derechos humanos”, como el trabajo que hace con los legajos. “La ley de enseñanza universitaria expresamente ordena que entre los valores que hay que inculcar está el de los derechos humanos, y eso la universidad está cumpliendo”, asegura. ”Además de toda la cuestión de género, la desigualdad económica; es otra universidad, muy distinta a la autoritaria donde me tocó formarme durante los primeros años de la década del 80”, agrega.

 

Vivencias de la violencia como recuerdos amargos

 

El doctor Busemi recibió a UNNE Medios, minutos antes de participar en el Primer conversatorio sobre los Juicios de Lesa Humanidad en Corrientes a 50 años del Golpe, realizado en el edificio histórico de la Facultad de Derecho de la UNNE, el pasado miércoles 20 de marzo.

 

Volver después de un tiempo al lugar donde estudió le trajo recuerdos del aquel 24 de marzo del 76, cuando tropas del Ejército Argentino tomaron la facultad y no dejaron ingresar a nadie: “tengo esa vivencia porque el 24 de marzo quiero ingresar a un curso y no lo permitieron, había empezado la carrera en el año 74 y estaba iniciando el tercer año de Derecho”. El recuerdo es macabro porque “me encañonaron; fue un soldado con un FAL, con prepotencia militar y un planteo de guerra”, recuerda aún con tristeza.

 

El entrevistado señaló que con el correr de los días se enteraron del peligro que corrían, al saber del secuestro de otros compañeros y compañeras de la facultad. Resaltó con claridad que la posterior detención no lo sorprendió, teniendo en cuenta la situación.

 

“Sabía del peligro porque yo militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), y finalmente me secuestran el 13 de noviembre de 1976, estando en la casa de un compañero, donde también se encontraba Lucho Diaz, que está desaparecido hasta hoy”, explicó.

 

Del futuro incierto a la esperanza de la vuelta a la vida

 

“El Ejército rodeó la manzana de la casa y nos llevó al Regimiento 9 donde permanecí 75 días de confinamiento en el cuartel, después me trajeron a la Alcaidía (frente a la plaza 25 de Mayo) por cuatro días y luego me llevaron a la U-7 en el Chaco”, repasó sobre su detención.

 

Un tiempo después, ya entrado el año 77, fue trasladado al Comando de la Brigada, en calles Cordoba e Hipolito Yrigoyen de Corrientes, donde fue liberado bajo la premisa que quedaría en libertad vigilada y no debía retomar los estudios. Allí fue enviado por sus padres a la localidad de Colonias Unidas donde permaneció por varios años trabajando en un campo familiar, aunque debía presentarse mensualmente ante autoridades policiales.

 

El estudiante chaqueño a pesar de estar lejos, permaneció atento a los acontecimientos y hacia comienzos de la década del 80 percibió que lo peor de la represión había pasado y que los controles sobre la libertad de movimientos se relajaron, por lo cual tomó la decisión de regresar a Corrientes y presentarse en la facultad, donde pudo continuar estudiando para obtener su título de abogado en 1983, pocos meses antes del retorno de la democracia.

 

Desde que empezó a ejercer la profesión, Pablo Busemi comenzó a tramitar judicialmente una reparación económica contra el Estado argentino que lo desapareció y desde entonces también patrocinó diversas causas, siempre en defensa de los derechos humanos y del lado de las víctimas, incluso en otros procesos en los cuales le tocó intervenir donde se vulneraron DDHH ya en democracia.

 

Su vida es hoy testimonio de aquella época oscura de la historia argentina, y la Universidad Nacional del Nordeste ubica su nombre en la lista de estudiantes y trabajadores que “debieron interrumpir sus carreras universitarias o el ejercicio de la docencia por detenciones ilegales cometidas por el terrorismo de Estado”, como dirán sus legajos cuyas copias serán entregadas en actos públicos.

 

Pablo será uno de los pocos que podrá recibir el documento en mano. Otros, se entregarán a familiares. En ambos casos, una medida simbólica de reparación y aporte a la identidad, en la que avanza la UNNE en trabajo conjunto con las Fiscalías Federales de Chaco y Corrientes.

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