La fiebre del oro entre los bancos centrales ha agudizado el ingenio a la hora de diversificar las reservas internacionales y las compras del metal precioso. Una tendencia que podría replicar el banco central argentino.
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Oro: el poder de fuego de los bancos centrales y los mineros locales
No debe soslayarse que muchas de las minas que abastecen a los bancos centrales son operaciones pequeñas. Ocurre que comprar oro extraído localmente también ahorra dinero, ya que los mineros locales suelen venderlo a sus bancos centrales con un ligero descuento. En algunos casos, estos acuerdos son voluntarios, ya que los pequeños operadores mineros se alegran de tener un cliente confiable y estable. Sin embargo, los mineros a menudo están obligados a vender oro al banco central de su país a bajo precio. Es el ejemplo del gobierno de Tanzania que meses atrás ordenó que todos los exportadores, mineros y comerciantes de oro reservaran al menos el 20% de su producción para venderla al banco central. Claro que la otra cara de la moneda indica que estas compras del banco central pueden dar un impulso a los pequeños mineros. Ocurre que los bancos centrales pueden aprovechar su enorme “poder de fuego” para beneficiar a estos mineros artesanales y de pequeña escala, ya que contar con un comprador creíble y a gran escala, como el banco central, les brinda a los pequeños mineros una salida legal y justa para vender su oro.
Desde la perspectiva gubernamental, el programa de compras facilita la regulación de estos pequeños operadores mineros. En muchos casos, las pequeñas minas operan en zonas remotas con escasa supervisión. En algunos casos, están gestionadas por organizaciones criminales. Según Fan, las compras del banco central no solo desvían los flujos de las redes criminales, sino que también mejoran la trazabilidad y la rendición de cuentas. Pero, además, comprar oro de minas locales ofrece a los bancos centrales ahorros adicionales al eliminar los costos de envío y las tarifas bancarias, aunque puede conllevar costos adicionales. Hay que explicar que, para servir como activo de reserva, el oro debe cumplir con los estándares de pureza London Good Delivery (LGD). Entonces, si un país no cuenta con capacidad de refinación LGD a nivel nacional, el oro debe enviarse al extranjero para su refinación. Por ejemplo, algunos países, incluidos Filipinas y Kazajstán, tienen refinerías certificadas LGD.
Los analistas también destacan que comprar oro localmente ofrece a los bancos centrales otra ventaja: pueden evitar gastar dólares. Si bien todos los bancos centrales poseen dólares en sus reservas, dado que son la moneda de reserva mundial, a algunos países les resulta difícil ampliar sus reservas totales si deben gastar dólares para comprar oro. Así intercambian un activo de reserva por otro. Por lo tanto, comprar localmente en la moneda nacional elimina este problema. De ahí que los bancos centrales pueden aumentar sus reservas usando la moneda local y, por lo tanto, no sacrificar otro activo de reserva para aumentar tus reservas de oro.
Algo que podría empezar a evaluar el Banco Central (BCRA) argentino ya que hay producción local y podría ahorrar divisas y reducir costos.




