Mientras gran parte del mundo lucha con tasas de consumo elevadas, en Suecia el tabaquismo cayó del 15% en 2008 a aproximadamente 5,3%. El descenso se explica por una estrategia de reducción de daños que promueve alternativas sin combustión, como el uso de nicotina sin quemar tabaco.
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Datos de vida o muerte
Los resultados de la estrategia sueca se traducen en vidas salvadas, no solo en números. Los suecos tenemos la tasa más baja de mortalidad relacionada con el tabaco de toda la Unión Europea. Nuestra tasa de muertes por cáncer de pulmón es menos de la mitad del promedio europeo porque, aunque los suecos siguen consumiendo nicotina, dejaron de quemar tabaco. Como dijo el fallecido profesor Michael Russell: “La gente fuma por la nicotina, pero muere por el alquitrán”. Vemos tendencias igualmente positivas en enfermedades cardiovasculares y otros cánceres orales.
Una lección para Argentina
Argentina se encuentra hoy en una encrucijada. Sus responsables políticos tienen una oportunidad única e inmediata de adoptar el “milagro sueco” como modelo para el país. Insistir en un enfoque puramente prohibicionista o punitivo, el obsoleto modelo de “dejalo o morite”, condenará a millones de fumadores argentinos a una muerte prematura que podría evitarse.
Argentina puede ofrecer a sus millones de fumadores una salida probada, aceptable y efectiva de los mortales cigarrillos combustibles. La lección que deja Suecia es irrefutable: cuando se brinda a los fumadores adultos un producto que satisface su necesidad de nicotina sin el cóctel tóxico del humo del tabaco, la enorme mayoría elige la opción más segura. Se trata de ofrecer un camino realista para dejar de fumar.
Un llamado al sentido común y al coraje político
No tenemos que esperar un lejano y futurista avance médico para resolver la crisis mundial del tabaquismo. Ya contamos con las herramientas. Para Argentina, el camino hacia un futuro libre de humo exige el coraje político de seguir los datos claros y la evidencia acumulada, por encima de décadas de miedos infundados e ideologías enquistadas.
Si avanza con decisión para proteger el acceso a los productos de riesgo reducido y para informar a la población sobre ellos, Argentina puede replicar el éxito sueco y reducir drásticamente su carga nacional de cáncer, enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Los costes humanos y económicos de no hacerlo son sencillamente abrumadores. Los datos son claros, los resultados están probados y la oportunidad es ahora. Es hora de que la voluntad política finalmente esté a la altura de la realidad médica.




