Chantal Leclercq es una médica que forma parte del entorno de Delfina, en medio del escándalo que sacude al Hospital Italiano.
Mientras la causa avanza bajo la órbita de la Justicia y busca determinar si existió un circuito de desvío de anestésicos como propofol y fentanilo, el interés público también se desplazó hacia los márgenes del expediente. Allí es donde emergen nombres, apodos y perfiles que hasta hace poco permanecían en un ámbito privado. “Tati”, en ese sentido, es también un producto de ese corrimiento: de la vida cotidiana al radar mediático, empujada más por la lógica de reconstrucción del entorno que por un señalamiento concreto.
Así, su nombre queda instalado en un lugar incómodo: lo suficientemente cerca de los protagonistas como para ser mencionado, pero lo suficientemente lejos del expediente como para no tener un rol definido. Un equilibrio inestable que, como suele ocurrir en estos casos, puede cambiar con el correr de los días o diluirse a medida que la investigación avance y delimite con mayor precisión quiénes estuvieron realmente involucrados y quiénes quedaron orbitando alrededor de una historia que todavía está lejos de cerrarse.



