En el último tiempo, la actividad del sector pyme no logró recuperar los niveles de 2023. Lo más preocupante no la caída de la producción o de las ventas, sino la persistente retracción del consumo.
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Cuando la pyme deja de vender, el país deja de crecer.
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Es importante comprender que la recuperación económica no puede medirse únicamente en variables macroeconómicas. La estabilidad es necesaria, pero no suficiente. Sin un mercado interno activo, el entramado productivo pierde densidad, se debilitan las cadenas de valor y se compromete el crecimiento sostenido.
Las pymes necesitan condiciones para producir, invertir y proyectar. Eso implica avanzar en políticas que reactiven la demanda, pero también en herramientas concretas de financiamiento productivo. El crédito debe volver a ser un instrumento de desarrollo y no una barrera inaccesible. Financiar capital de trabajo, modernización tecnológica y expansión productiva es apostar al crecimiento genuino.
Asimismo, resulta clave generar incentivos que promuevan la formalización, la innovación y la competitividad. Y muchos más en un país donde hoy las fronteras están abiertas para el ingreso de miles de productos que compiten de manera desigual con la producción nacional. La presión de costos impositivos, logísticos y financieros se vuelve especialmente insostenible en contextos de baja actividad y de apertura de importaciones. Sin alivio ni estímulo muchas empresas quedan atrapadas en una lógica defensiva, destinada solo a sobrevivir.
La Argentina necesita que sus pymes pasen de la resistencia al crecimiento. Y para eso es fundamental reconstruir un entorno que combine estabilidad macroeconómica con desarrollo productivo. No hay país viable si su tejido empresarial se achica. La solución no viene solo de la mano de una reforma laboral. La problemática es estructural y la realidad se percibe al caminar por las calles del conurbano bonaerense.
Desde el interior de la provincia de Buenos Aires vemos todos los días el esfuerzo del empresario pyme que apuesta, que sostiene el empleo y que sigue creyendo en la producción como motor del progreso. Pero también vemos la incertidumbre, la caída de ventas y la dificultad para planificar más allá del corto plazo.
Salir de esta recesión silenciosa requiere comprender que el mercado interno no es un dato secundario, es el principal sostén de nuestra economía. Fortalecerlo no es una consigna, es una estrategia de desarrollo.
Porque cuando una pyme se apaga, no solo se pierde una empresa. Se pierde trabajo, identidad local, innovación y futuro. Pero cuando una pyme crece, crece toda la Argentina.




