El bloqueo del estrecho alteró el flujo de petróleo y gas, elevó los costos del comercio y obligó a empresas y gobiernos a rediseñar rutas y proveedores. Para la Argentina, el escenario combina presiones sobre costos con una oportunidad para las exportaciones energéticas.
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El cierre de Ormuz encareció la energía, alteró rutas comerciales y elevó el costo del riesgo global. Para Argentina, el impacto dejó un escenario de doble filo, con más presión sobre precios y logística, pero también mayor valor estratégico para Vaca Muerta.
A 100 días del cierre del Estrecho de Ormuz, el principal corredor energético del mundo pasó de ser un foco de tensión geopolítica a funcionar como un test de estrés para la economía global. La crisis, desatada tras la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, interrumpió una de las rutas más sensibles para el comercio de petróleo y gas, y encareció crudo, GNL, fletes, seguros, fertilizantes y alimentos.
Aun así, el shock no derivó todavía en una crisis global abierta, aunque sí provocó episodios de estrés energético, problemas de abastecimiento y fuertes subas de costos en varios países importadores.


