Los grandes inversores tecnológicos sintieron el peso del gasto en inteligencia artificial sobre los márgenes y la caja. En cambio, los proveedores de semiconductores e infraestructura energética comenzaron a traducir esa demanda en más ventas, pedidos y efectivo.
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La inversión en IA siguió creciendo, pero los balances mostraron que los retornos aún se distribuyen de forma desigual entre quienes financian la expansión y quienes proveen la infraestructura.
La tendencia de inversión vinculada con la inteligencia artificial atravesó esta semana una nueva prueba en Wall Street. La temporada de balances continuó con resultados de compañías pertenecientes a distintos eslabones del ecosistema tecnológico y energético que sostiene la expansión del sector.
Así, los números de Alphabet, matriz de Google y uno de los mayores proveedores mundiales de servicios digitales y computación en la nube, Tesla, fabricante de vehículos eléctricos y desarrollador de robotaxis, robótica y almacenamiento energético, Texas Instruments, productor de semiconductores analógicos, y GE Vernova, proveedor de equipos para generación y redes eléctricas, permitieron observar qué compañías capturaron mejor el flujo de dinero hacia el sector en expansión.
