JULIO LÓPEZ, ESPECIALISTA EN CIBERSEGURIDAD: «LAS ESTAFAS SON CONTEMPORÁNEAS A TODAS LAS EDADES Y SE ADAPTAN A CADA FRANJA»

El gerente de Inteligencia y Fraudes del Nuevo Banco del Chaco explicó cómo cambian los engaños según el perfil de las víctimas, advirtió sobre las falsas inversiones y detalló qué señales permiten detectar una maniobra a tiempo y cómo actuar después de una estafa.

Las estafas digitales son un mal de esta era y no empiezan necesariamente con una falla informática, un sistema vulnerado o una contraseña robada. Muchas veces comienzan bastante antes: con alguien capaz de generar confianza, urgencia, miedo o la promesa de ganar dinero rápidamente.

Para Julio López, gerente de Inteligencia y Fraudes del Nuevo Banco del Chaco (NBCH) y especialista en ciberseguridad, entender ese componente humano es fundamental para prevenirlas. «Es un problema del ser humano más que de la tecnología», sostuvo durante una entrevista en El Garage de Data, donde analizó la evolución del fraude digital, los mecanismos utilizados por los delincuentes y las consecuencias que una estafa puede provocar mucho más allá de la pérdida económica.

López trabaja desde hace años vinculado a la seguridad y la tecnología y señaló que la acelerada digitalización que atravesó la Argentina alrededor de la pandemia modificó profundamente la relación de millones de personas con bancos, billeteras, compras y operaciones digitales.

«Argentina tuvo que salir de la vida real a la vida digital en solo tres meses. Y la seguridad es una cuestión de madurez, y la madurez la hace el ejercicio», explicó. En ese proceso, señaló, gran parte de la población comenzó a utilizar herramientas digitales sin haber tenido tiempo para incorporar hábitos de seguridad al mismo ritmo.

«¿Por qué se acentuó tanto la crisis de estafas? Porque hicimos un proceso violento de transitar de lo real a lo virtual sin escalas», planteó.

«La estafa es el engaño a la persona»

López marcó una diferencia central entre los ataques puramente tecnológicos y las maniobras de ingeniería social, en las que el delincuente consigue que sea la propia víctima quien realice una transferencia, entregue información o habilite determinada operación.

«La estafa es el engaño a la persona, no es una cuestión de seguridad. El ser humano es engañado para lastimar a su propio patrimonio», definió.  Los mecanismos pueden ser muy distintos: desde una llamada telefónica que convence a una persona de transferir dinero hasta una compra de un producto que nunca llega o una falsa oportunidad de inversión construida con inteligencia artificial.

Como ejemplo, relató el caso de una persona que terminó colocando 60.000 dólares  en una plataforma falsa después de ver lo que creyó que era una entrevista televisiva al CEO de MercadoLibre, Marcos Galperín, en la que supuestamente recomendaba esa inversión. «Me decía: «Vi una entrevista que le hizo TN a Marcos Galperin». Yo le dije que TN nunca lo había entrevistado, recordó López.

La víctima era una persona con estudios universitarios y experiencia, pero terminó seducida por una propuesta que prometía aproximadamente un 30% de rendimiento mensual y mostraba un panel digital donde aparentemente el dinero aumentaba.

Las estafas cambian según la edad

El especialista remarcó que no existe un único perfil de víctima y que los delincuentes modifican sus estrategias de acuerdo con las expectativas, necesidades y comportamientos de las distintas personas. «Las estafas son contemporáneas a todas las edades y se adaptan a la franja etaria», resumió.

Entre los más jóvenes, por ejemplo, aparecen con mayor fuerza las falsas inversiones y esquemas que prometen rendimientos extraordinarios en poco tiempo. «Los que invirtieron en los Ponzi fueron los pibes, pensando que podían obtener un rendimiento del doble del dinero», señaló.

Entre los 30 y los 50 años, explicó, suele aparecer un segmento de personas que logró generar algún ahorro y busca oportunidades para hacerlo rendir. Allí cobran peso las falsas plataformas de inversión, anuncios en redes sociales y contenidos manipulados que simulan contar con el respaldo de empresarios, medios de comunicación o compañías reconocidas.

En los adultos mayores, en cambio, predominan otras vulnerabilidades. López señaló que muchas veces se trata de personas «mucho más educadas» en el sentido de las normas sociales tradicionales: procuran escuchar, explicar por qué no pueden hacer algo e incluso avisar antes de cortar una comunicación. «No se animan a decir que no. Intentan convencer al estafador y avisarle que van a cortar, les da cosa no atender el teléfono. Y eso los pone en peligro», explicó.

La regla para una llamada sospechosa: cuándo cortar

Frente a ese escenario, López propuso una consigna especialmente sencilla para transmitir a padres y abuelos. El primer indicio es recibir una llamada que se sale de lo habitual. «Durante el día uno recibe llamadas. Las habituales son de gente conocida. Y si aparece una llamada inhabitual hay que pensar: ¿alguna vez nos llamó el banco? No. ¿Te llamó Sameep? No. Esa es una llamada inusual», ejemplificó.

La segunda señal aparece cuando el supuesto operador solicita realizar alguna acción en el teléfono mientras mantiene la comunicación.  Puede pedir abrir la aplicación bancaria, consultar un token, entrar a una billetera virtual, modificar una configuración o instalar una aplicación .

«Si vos recibís una llamada y esa llamada es inhabitual y tenés la necesidad de sacarte el teléfono del oído, en ese momento tenés que colgar», recomendó.

Para reforzar esa conducta entre adultos mayores, incluso sugirió dejar una nota visible en la casa: «¿La llamada es inhabitual? ¿Te piden que te saques el teléfono del oído? Entonces cortá». 

Los delincuentes, agregó, suelen anticiparse a esa reacción y generar presión para evitar que la víctima interrumpa la comunicación. Pueden decirle, por ejemplo, que si corta deberá hacer personalmente un trámite en una sucursal distante o que perderá una determinada operación. La urgencia es parte del engaño.

Cuando aparece una segunda y hasta una tercera estafa

Una de las modalidades más destructivas comienza después de que la víctima advierte que cayó en la primera trampa. En las falsas inversiones, explicó López, las plataformas suelen mostrar ganancias inexistentes. El problema aparece cuando el usuario intenta retirar el dinero.

«Cuando la gente se da cuenta de que es una estafa entra en desesperación por retirar el dinero y ahí viene la segunda estafa: «Hay que pagar los impuestos para poder transferirte»», relató. Así, la persona vuelve a enviar dinero con la expectativa de recuperar lo perdido.

Incluso puede aparecer un tercer actor. «Después aparece un supuesto abogado que dice que ya litigó con los estafadores, pero es parte de los estafadores y le vuelven a sacar plata», explicó. La víctima queda atrapada así en una sucesión de engaños que explotan la misma necesidad: recuperar el patrimonio inicial.

Qué hacer inmediatamente después de una estafa

López insistió en que uno de los errores más graves después de detectar un fraude es demorarse por vergüenza, miedo o incredulidad. «Siempre hagan la denuncia», pidió.

Cuando el engaño involucra un banco o una billetera virtual, la primera medida debe ser comunicarse inmediatamente con los canales oficiales de atención, que cuentan con servicios para reportar operaciones fraudulentas.

La rapidez es determinante. Según explicó, una vez denunciada la operación, el sistema financiero puede identificar que los fondos fueron enviados a una «cuenta mula», es decir, una cuenta utilizada para recibir y mover dinero proveniente de estafas. El banco de destino puede ser advertido y, si los fondos continúan allí, existe la posibilidad de inmovilizarlos mientras interviene la Justicia.

«Nos dan 24 o 48 horas para que el fiscal emita un documento para detener los fondos y retrocederlos», detalló. Sin embargo, recuperar el dinero sigue siendo difícil.

López estimó que estos mecanismos logran retroceder apenas alrededor del 5% del dinero sustraído , principalmente porque los delincuentes distribuyen rápidamente los fondos entre distintas cuentas, billeteras o activos digitales. «Lo van moviendo de bancos, lo sacan por una billetera donde compran cripto, y todo en cinco minutos», explicó.

«La seguridad no es algo que se compra»

Para López, la prevención tampoco puede quedar exclusivamente en manos de los bancos. «La seguridad no es algo que se compra, es algo que se ejerce entre todas las puntas: banco, fintech y cliente», sostuvo. A ese esquema sumó a las fuerzas de seguridad y a la Justicia, encargadas de investigar y perseguir a quienes ejecutan las maniobras.

Pero para que esa cadena pueda funcionar hay una condición indispensable: que las víctimas denuncien. El especialista también recomendó a las personas con mayor vulnerabilidad económica, especialmente adultos mayores, utilizar las sucursales bancarias como espacios de consulta y evitar mecanismos en los que pierdan el control directo sobre sus fondos.

En el NBCH, explicó, desde noviembre de 2025 funciona un esquema de atención especialmente orientado a mayores de 60 años, con personal preparado para acompañarlos paso a paso. «Somos el primer banco con este tipo de servicio muy dirigido. Esto descomprimió y ayudó a las personas. Ojalá toda la banca tome este estándar de adaptación», afirmó.

El daño que queda después de perder el dinero

Para López, reducir una estafa a su impacto económico es quedarse con una parte del problema. «La estafa me interesa muchísimo porque no se llevan solamente la plata sino parte de la dignidad de la persona», reflexionó. El fraude deja a muchas víctimas preguntándose cómo pudieron creer una historia que, vista posteriormente, parece evidente.

«Te engañan y vos caés en la trampa, y es una sensación terrible. Y cuando lo cuentan se van dando cuenta de lo irracional de lo que sucedió», explicó. Ese impacto puede generar miedo, vergüenza y pérdida de autonomía. Incluso relató el caso de una persona de 80 años que, después de sufrir una estafa, terminó entregándoles a sus hijos el manejo de sus cuentas.

Por eso, consideró indispensable que las entidades cuenten no solamente con herramientas tecnológicas, sino también con personas preparadas para acompañar a quienes atraviesan estas situaciones. «Es clave que haya personas preparadas para contener y asesorar a personas que han sufrido estafas», remarcó.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos + siete =