PREMIO NOBEL DE LA PAZ 2026: LA SUDAFRICANA NAVI PILLAY FUE RECONOCIDA POR SU LUCHA EN DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

La jurista de 85 años construyó una extensa trayectoria contra el apartheid y ocupó cargos clave en tribunales internacionales. Su trabajo para perseguir crímenes de guerra, genocidios y delitos de lesa humanidad fue determinante para la distinción.

El Comité Noruego del Nobel anunció este viernes 9 de octubre que el Premio Nobel de la Paz 2026 fue otorgado a la jurista sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, en reconocimiento a su trayectoria en la defensa de los derechos humanos, la promoción del derecho internacional y la búsqueda de justicia para las víctimas de graves violaciones de los derechos fundamentales.

La distinción reconoce décadas de trabajo destinadas a fortalecer los mecanismos internacionales de justicia y garantizar que los responsables de crímenes de guerra, delitos de lesa humanidad y genocidio respondan ante los tribunales. Pillay fue alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014 y ocupó cargos de relevancia en distintas instituciones judiciales internacionales.

Al fundamentar su decisión, el Comité Nobel destacó la valentía y la integridad de la abogada, cuya carrera comenzó durante el régimen de segregación racial sudafricano. Desde sus primeras intervenciones en defensa de Nelson Mandela y otros opositores al apartheid hasta su participación en investigaciones sobre crímenes internacionales, Pillay mantuvo una postura centrada en la responsabilidad de los Estados y de sus dirigentes frente a las violaciones de los derechos humanos.

El reconocimiento también llega en un escenario internacional atravesado por conflictos armados y crecientes cuestionamientos a los organismos multilaterales. En ese contexto, el Comité remarcó que el respeto por el derecho internacional constituye una herramienta indispensable para prevenir la violencia, resolver disputas y construir una paz duradera.

Una trayectoria marcada por la lucha contra el apartheid

Nacida el 23 de septiembre de 1941 en Durban, Sudáfrica, en el seno de una familia de origen indio tamil, Pillay creció bajo las políticas de discriminación racial impuestas por el apartheid.

Estudió en la Universidad de Natal, donde obtuvo su licenciatura en Artes en 1963 y se graduó en Derecho en 1965. Sus primeros pasos profesionales estuvieron vinculados a la defensa de personas perseguidas por el régimen segregacionista.

En 1967, cuando tenía 26 años, abrió su propio estudio jurídico y se convirtió en la primera mujer en establecer una práctica legal independiente en la provincia de Natal. Su decisión representó un desafío a las barreras raciales y de género que condicionaban el ejercicio profesional en aquella época.

Durante casi tres décadas defendió a activistas políticos, denunció torturas y condiciones de detención abusivas y promovió el reconocimiento de derechos para los presos políticos. Entre sus intervenciones más importantes se encuentra la lucha por garantizar el acceso a asistencia jurídica de los detenidos en la prisión de Robben Island, donde permaneció encarcelado Nelson Mandela.

Posteriormente, continuó su formación en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Derecho en 1981 y un doctorado en Ciencias Jurídicas en 1988.

De Sudáfrica a los tribunales internacionales

Tras el fin del apartheid, Pillay fue designada en 1995 como jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica, convirtiéndose en la primera mujer no blanca en acceder a ese cargo.

Ese mismo año comenzó una nueva etapa de su carrera al incorporarse al Tribunal Penal Internacional para Ruanda, creado por las Naciones Unidas para juzgar los crímenes cometidos durante el genocidio de 1994.

Allí desempeñó un papel relevante en el desarrollo de criterios jurídicos que permitieron reconocer la violencia sexual como una forma de genocidio en determinadas circunstancias. Entre 1999 y 2003 presidió ese tribunal.

En 2003 fue elegida jueza de la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, donde permaneció hasta 2008. Posteriormente asumió como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, cargo que ocupó durante seis años.

Su extensa carrera también estuvo vinculada a la defensa de los derechos de las mujeres, la lucha contra la discriminación y la protección de las personas privadas de libertad.

Su participación en las investigaciones sobre Gaza y Myanmar

En los últimos años, Pillay volvió a ocupar un lugar central en el debate internacional por su participación en investigaciones relacionadas con algunos de los conflictos más graves del mundo.

La jurista presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluido Jerusalén Oriental, e Israel. Bajo su conducción, el organismo concluyó que Israel había cometido genocidio en la Franja de Gaza, una acusación rechazada por el Gobierno israelí.

Además, Pillay se desempeña como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia (CIJ)en el proceso iniciado por Gambia contra Myanmar, en el que se examinan acusaciones de genocidio contra la minoría rohinyá.

Su actuación en ambos escenarios volvió a situarla en el centro de discusiones sobre los límites de la soberanía estatal, la responsabilidad internacional y las posibilidades de obtener justicia frente a violaciones masivas de derechos humanos.

Donald Trump reclamó el Nobel de la Paz antes del anuncio

La elección de Pillay se conoció después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insistiera públicamente en que merecía recibir el Premio Nobel de la Paz por sus intervenciones en distintos conflictos internacionales.

Durante una conversación con periodistas en la Casa Blanca, el mandatario aseguró haber contribuido a resolver ocho guerras desde su regreso al poder en enero de 2025, aunque algunas de esas afirmaciones fueron cuestionadas y varios de los conflictos mencionados continúan abiertos.

«Hice cosas que nadie más ha hecho jamás», sostuvo Trump, quien también afirmó que sus decisiones respecto de Irán habían evitado una catástrofe de alcance mundial.

El presidente estadounidense recordó, además, que la dirigente opositora venezolana María Corina Machado, distinguida con el Nobel de la Paz 2025, le entregó la medalla correspondiente a su premio durante un encuentro en la Casa Blanca, en enero de 2026.

Sin embargo, el Instituto Nobel Noruego aclaró que el reconocimiento no puede transferirse, compartirse ni revocarse: aunque la medalla cambie de propietario, la condición de ganadora permanece exclusivamente vinculada a la persona distinguida.

Trump había expresado sus dudas sobre la posibilidad de ser elegido por el Comité Nobel, que finalmente se inclinó por reconocer la trayectoria de Pillay y su contribución al fortalecimiento de la justicia internacional.

El galardón, dotado este año con 12 millones de coronas suecas, será entregado en una ceremonia prevista para el 10 de diciembre en Oslo, Noruega.

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