El líder laborista anunció que también dejará la conducción de su partido tras reconocer que perdió el respaldo de sus legisladores. Permanecerá en el cargo hasta que se elija a su sucesor.

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, anunció este lunes su renuncia al frente del Gobierno y de la conducción del Partido Laborista, en medio de una creciente crisis política y tras admitir que ya no cuenta con el respaldo suficiente de su propio espacio para continuar en el poder.
En una declaración realizada desde Downing Street, la residencia oficial del jefe de Gobierno británico, Starmer confirmó que ya comunicó su decisión al rey Carlos III y aseguró que trabajará para garantizar una transición «ordenada» hasta la designación de un nuevo líder.
Visiblemente emocionado y acompañado por miembros de su gabinete y personal de la sede gubernamental, el dirigente laborista sostuvo que todas las decisiones que tomó estuvieron guiadas por el interés del país y anunció que también abandonará la jefatura del partido.
Starmer había llegado al poder en julio de 2024 con una sólida mayoría absoluta, pero la pérdida de apoyo interno y una serie de reveses políticos terminaron precipitando su salida. El mandatario informó que solicitó al Comité Nacional Ejecutivo del Partido Laborista que establezca un cronograma para la elección de su sucesor, con vistas a completar el proceso antes del receso parlamentario de verano.
De acuerdo con las previsiones, el nuevo líder laborista y futuro primer ministro podría asumir en septiembre, aunque no se descarta que el traspaso se concrete antes si surge un único candidato de consenso. Mientras tanto, Starmer permanecerá en funciones para evitar un vacío de poder y prometió brindar «todo su apoyo» a quien resulte elegido.
La dimisión se produjo tras semanas de fuertes presiones por parte de ministros y diputados laboristas, que responsabilizaron a Starmer por los malos resultados obtenidos por el partido en las elecciones locales de Inglaterra y en los comicios regionales de Escocia y Gales celebrados el pasado 7 de mayo.
La situación se agravó luego de la reciente victoria política de Andy Burnham, exalcalde de Manchester y una de las figuras más populares del laborismo, quien obtuvo un escaño parlamentario por la circunscripción de Makerfield y ya manifestó su intención de competir por el liderazgo del partido. Para formalizar su candidatura necesitará el respaldo de al menos 81 diputados, aunque distintas estimaciones indican que ya tendría el apoyo de cerca de 200 legisladores.
Desde su llegada al poder, Starmer enfrentó una sostenida caída en los niveles de aprobación, en un contexto marcado por el estancamiento económico y el incremento del costo de vida en el Reino Unido. A ello se sumó la polémica generada por la designación de Peter Mandelson como embajador en Washington, una decisión cuestionada por los vínculos del dirigente con el fallecido financista estadounidense Jeffrey Epstein.
La salida de Starmer abre una nueva etapa de incertidumbre para el Partido Laborista y para la política británica, apenas dos años después de haber regresado al poder con una cómoda mayoría parlamentaria.

