SI YO FUERA ADORNI, VIVIRÍA COMO ÉL

Afortunado en el juego y en el amor, el jefe de Gabinete fue bendecido con el cartón ganador de ese juego de azar, que algunos llaman vida.

Adorni y su amigo Grandio, afable, pagador de viajes a Punta en vuelos privados.

Adorni y su amigo Grandio, afable, pagador de viajes a Punta en vuelos privados.

Bailan las barriadas al ritmo de Manu Chao, porque si la vida es una tómbola, nada mejor que tener el cartón que alguna divinidad le cedió al jefe de Gabinete. Para colmo, el vocero vino a poner en crisis (como se dice ahora) el saber popular. Porque Adorni es afortunado en el juego y también en el amor. O, tal vez, sea esa excepción que confirma la regla. Siempre y cuando, claro, la vida sea una tómbola.

Vayamos por partes, porque si lo que dice Adorni es cierto —y en este espacio no tenemos por qué no creerle—, bien vale invertir en la estética personal, acumular propiedades o incluso darse el gusto (dudoso en cuanto a lo estético) de dotar a la piscina de una alegre cascada para sentir el chorro caer en la nuca, en la cervical, en la excalvicie y mirar al cielo para decir: “Gracias, Dios, soy un afortunado”.

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