VISITANTES EN LA CIUDAD

Por Mónica Persoglia.

Hay muchos fines de semanas largos y muchos chaqueños jóvenes que han ido a estudiar o trabajar a otras provincias, aprovechan para visitar a sus familiares.

Este es el caso de Lucia, quien vive en Buenos Aires desde los 18 años. Su familia está más allá de la UNNE, recorriendo su ciudad comentaba en voz alta y con amplia sonrisa «¡Qué de barrios, cuantos edificios, qué de casas, hasta barrios privados! Y se extendió hasta el pavimento, diferente a cuando yo me fui. Mirá esa era la casa de mis abuelos, allá en la esquina está donde vivía mi pediatra…», siguieron recorrieron por la avenida, «¡Uy el Domo, el Parque 2 de febrero! Qué recuerdo».

El sol estaba bajando y ellos seguían paseando. «Qué adornada está la ciudad con sus esculturas, como me gustaría abrazarlo a Fabriciano». El tiempo pasó muy rápido y Lucia regresó. No mucho tiempo después esas casas antiguas que Lucia vio se vendieron por fideicomiso, esos edificios altos que le van quitando a la ciudad, ese sabor que se tenía de poder tomar mate en la vereda y hablar con los vecinos, ahora lo hacen en las plazas. La modernidad avanza.

Pero al demoler cada propiedad, mientras hubo otros habitantes incógnitos como las cucarachas y las ratas y al derribarlos el que se salva siempre es el ratoncito Pérez, pero la mayoría van infectando las viviendas colindantes. Hay manzanas entre casas viejas y edificios nuevos, esto es sinónimo de insalubridad. Un detalle para tener en cuenta, puede ser por buena voluntad por una directiva o una norma, fumigar antes de derribar también sería un acto de prevención.

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